martes, 24 de agosto de 2010

La marea es alta ~


Siete pasos para perdonar

1.- Ser consciente de lo sucedido. Analizar lo sucedido objetivamente y dialogando con los implicados, para ello a veces se hace preciso la ayuda de un profesional.

2.- Ser humanitario. Esforzarse en ver al que ha ofendido, como una persona con virtudes y defectos; evite sentirse superior o con derecho a juzgar.

3.- Mostrar humildad. Dejar a un lado el orgullo que actúa de barrera ante el acceso al perdón. Perdonarse a sí mismo es reflexionar sobre los propios errores. Esto sirve para aceptarse a sí mismo y llegar a la conclusión de que el perdón es necesario para todos.

4.- Mantener la calma. Para eliminar tu enojo, trata una técnica para manejar el estrés. Haz un par de respiraciones y piensa en algo que te dé tranquilidad y paz, puede ser una imagen relacionada a la naturaleza o alguien que amas.

5.- Evita esperar a que te ofrezcan una disculpa. La otra persona puede pensar que no te hirió y puede ver las cosas de manera diferente. Perdonar a alguien significa liberar todos los resentimientos y malentendidos que has guardado en el pasado y vivir el presente. Si ofendiste y pediste perdón, no esperes que la otra persona lo acepte rápido. Deja que tome tiempo en analizarlo.

6.- Reconoce los beneficios del perdón. Estudios han demostrado que las personas que olvidan, tienen mayor energía, mejor apetito y patrones de sueño saludables. Si tu no eres consciente de la amargura y resentimiento que pueda tener la otra persona, entonces nunca podrás perdonar ni dejar las cosas atrás.

7.- Perdónate a ti mismo. Para muchas personas, autoperdonarse es el mayor de los desafíos, al hacerlo, genera un nivel de confianza más alto.



Qué se yo, amor, qué se yo, si a este juego ya entramos perdiendo. Se juega la vida, se vive a la sombra de los gigantescos devoradores. El hueco que en mi pecho se abrió, será el cesto para su basura. Mírame, te ordeno mirar. ¿Podría ser mi suerte tu destino? ando por la vida, cosecho castigos, me pasan al lado y me dan al olvido. Mis hijos esperan para comer y yo les traigo migaja y derrota.
No lloré y nunca lo haré, aunque hoy juegen profundo en mi orgullo, pero el agua falta y el árbol se seca, el sol no lo besa, tan sólo lo quema. Voy escalando el cerro mayor y la llanura se expande a mi lado.
Calmo esa bronca, y ese dolor.